El Evangelio recoge esta experiencia traumática de los discípulos diciendo: “estando cerradas las puertas… por miedo a los judíos” Y es que el trauma nos imposibilita vivir el presente con gozo. Pero ahi irrumpe Jesus con su nuevo soplo que recrea la vida, pues El es el Señor de la Vida. En cada Eucaristía el resucitado se presente en medio de nuestras vidas rotas e infunde su Espíritu de Amor para que nuestras heridas sanen, especialmente la herida del amor.