En este Domingo XXII del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo explicó que estamos llamados a una religión del corazón, es decir, una religión de conversión que no solamente siente, sino que aprende a decidir, prudente y concientemente con sentido de justicia para los demás: "Ese camino de la fe es lo que suscita una resurrección de las sociedades y de los pueblos, porque introduce un nuevo espíritu, un espíritu que ayuda a sacar nuestro egoísmo y a ver más lejos, a ver en lo profundo.