Salmos 126 :5-6
El pueblo de Israel en el primer año después de su retorno iba a ser especialmente difícil. No habría nada para cosechar en el principio. Comenzarían de nuevo, plantando y luego esperando la llegada de la siega. Sería un periodo de austeridad, midiendo con cuidado las pequeñas reservas de comestibles.
También iba a haber cierta tristeza o frustración asociada con la sementera con vistas a la primera cosecha. He aquí un agricultor cuya reserva de grano está muy baja. Puede emplear el grano para dar de comer a su familia ahora, o puede sembrar la mayor parte con esperanza de una cosecha abundante en días venideros. Decide sembrarlo, pero llenando la mano y sembrando la semilla sobre la tierra arada, sus lágrimas caen también con las semillas. Está pensando en su mujer e hijos, delas pequeñas cantidades de comida con que tienenque sostenerse, y de cómo tienen que vivir con sacrificio hasta que lleguen los días de la cosecha. Para él, es como si les quitara la comida de la boca. Pero sale una palabra animadora para los exiliados que han vuelto:
«Los que sembraron con lágrimas, conregocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva lapreciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo,trayendo sus gavillas».
Así que, salen y siembran la semilla. Su tristeza presente será más que compensada por el gozo de traer a la casa las gavillas de grano maduro. El principio también es aplicable, por supuesto, en la esfera espiritual. Los que viven vidas de sacrificio personal para difundir el evangelio, pasan estrecheces porque se han privado de cosas, pero ¿qué es esto encomparación con el gozo de ver almas salvadas en el cielo adorando al Cordero de Dios para siempre?También es verdad en cuanto a ganar almas parael Señor. Alguien ha dicho sabiamente:«Los ganadores de almas lloran primero por aquellas almas».