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Ya conocemos todos los detalles del viaje del Papa a España, la riqueza y variedad de encuentros que León XIV va a desplegar a lo largo de siete días en los que tendremos la dicha y la fortuna de tener al Sucesor de Pedro entre nosotros. Para los católicos este es un motivo de alegría profunda, transparente, sin discusión. Y creo que para el resto de nuestros conciudadanos es también una bella oportunidad de encuentro, de centrarnos en lo que verdaderamente es importante para nuestra ciudad común. En todo caso, será una visita en paz y libertad, abierta a todos.
El Papa no “es” la Iglesia, por supuesto. Pero sin el Papa no hay Iglesia católica. “Donde está Pedro, está la Iglesia”, decía ya San Ambrosio en el siglo IV. No es una anécdota, por tanto, este viaje. Del 6 al 12 de junio León hablará de muchas cosas en España, por supuesto, pero recordemos lo que él mismo dijo al volver de África: “cuando realizo un viaje, es sobre todo para encontrar, acompañar y conocer al Pueblo de Dios… muchas veces el interés que suscita es más bien político: ¿qué dice el Papa sobre tal o cual tema?... Hay muchas cosas que decir, sin duda, pero lo más importante es la voluntad de anunciar el Evangelio, de proclamar el mensaje de Jesucristo”.
Si esto se pierde de vista, no se entenderá nada de lo demás. No olvidemos que este es el primer viaje de León XIV a uno de los grandes países europeos de antigua tradición cristiana, cuya sociedad es hoy muy plural, donde el cristianismo ya no moldea la cultura común pero donde la Iglesia sigue muy presente y busca nuevos caminos para comunicar su vida a todos, donde se manifiesta una urgente sed de sentido, una necesidad de verdadera amistad.
Seguro que el Papa hablará de la paz, de la necesidad de una nueva cultura de la vida, de las migraciones, de los desafíos de la Inteligencia Artificial, de las dificultades de las familias… Y todo eso nacerá del anuncio de Cristo resucitado, que es la tarea que Jesús encargó a Pedro y que ahora León va a cumplir entre nosotros.
By COPEYa conocemos todos los detalles del viaje del Papa a España, la riqueza y variedad de encuentros que León XIV va a desplegar a lo largo de siete días en los que tendremos la dicha y la fortuna de tener al Sucesor de Pedro entre nosotros. Para los católicos este es un motivo de alegría profunda, transparente, sin discusión. Y creo que para el resto de nuestros conciudadanos es también una bella oportunidad de encuentro, de centrarnos en lo que verdaderamente es importante para nuestra ciudad común. En todo caso, será una visita en paz y libertad, abierta a todos.
El Papa no “es” la Iglesia, por supuesto. Pero sin el Papa no hay Iglesia católica. “Donde está Pedro, está la Iglesia”, decía ya San Ambrosio en el siglo IV. No es una anécdota, por tanto, este viaje. Del 6 al 12 de junio León hablará de muchas cosas en España, por supuesto, pero recordemos lo que él mismo dijo al volver de África: “cuando realizo un viaje, es sobre todo para encontrar, acompañar y conocer al Pueblo de Dios… muchas veces el interés que suscita es más bien político: ¿qué dice el Papa sobre tal o cual tema?... Hay muchas cosas que decir, sin duda, pero lo más importante es la voluntad de anunciar el Evangelio, de proclamar el mensaje de Jesucristo”.
Si esto se pierde de vista, no se entenderá nada de lo demás. No olvidemos que este es el primer viaje de León XIV a uno de los grandes países europeos de antigua tradición cristiana, cuya sociedad es hoy muy plural, donde el cristianismo ya no moldea la cultura común pero donde la Iglesia sigue muy presente y busca nuevos caminos para comunicar su vida a todos, donde se manifiesta una urgente sed de sentido, una necesidad de verdadera amistad.
Seguro que el Papa hablará de la paz, de la necesidad de una nueva cultura de la vida, de las migraciones, de los desafíos de la Inteligencia Artificial, de las dificultades de las familias… Y todo eso nacerá del anuncio de Cristo resucitado, que es la tarea que Jesús encargó a Pedro y que ahora León va a cumplir entre nosotros.