Estoy tan lleno de palabras que no tengo espacio para mí
las horas se aburren y despiertan cada noche a horas
insomnes, intempestivas, lacerantes, en un lugar interno
desapacible que solo tranquiliza cuando escupo versos.
Versos y versos, que ya no son míos,
porque nacen y fallecen tan solo
en los rumores del aliento nocturno a la luz de una vela
o en la claridad de la luna que entra por mi ventana
y es mi compañía.
No soy el único, hay cientos de nosotros retando al tiempo, porque muere el tiempo mientras languidecen horas, mientras hay volcanes llorándole al mar y sus cenizas acarician las nubes.
Mas parezco un espectro vestido de sueños
una sombra entre tinta y rumores que madrugan
y no permiten el descanso mientras me acercan
a llanuras sembradas de sándalo, incienso
y voces con mi nombre.
Aborrezco todo lo que me aísla,
o me distrae de una caracola
cuando escucho el canto de sirenas
y el mar ruge en su alma,
cuando se extravía esa palabra
que hubiera deseado nombrar
para definirte.
Cuando el vacío me abraza
y desaparecen sensaciones que pintan formas
y dibujan íntimos estados que son de los dioses
¿ qué sabrán los dioses de silencios?
Si enloquecen oyendo miles de quebrantos,
miles de oraciones.
Entre tanto se apartan las aguas, se abren los cielos
y se crea un mundo cuando nace un niño en la lejanía.
Estoy tan lleno de palabras
que no tengo tiempo ni espacio para mí.
Chema Muñoz©