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El Papa ha iniciado su visita a Barcelona con una meditación sobre la búsqueda incansable del corazón humano y sobre la inconcebible respuesta que Dios ha dado a esa búsqueda en Jesucristo. Todo lo que abrazamos y vivimos cotidianamente, nuestras alegrías y derrotas, aspiraciones y proyectos, son expresión de nuestra búsqueda continua. Tenemos hambre y sed de verdad, somos mendigos de un amor al que no sabemos poner nombre, y muchas veces esa búsqueda sucede en la penumbra. No conocemos en profundidad el misterio de nosotros mismos y el verdadero rostro de los demás.
El camino de la fe, dijo León XIV durante la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys, no es una senda paralela a la de nuestra existencia humana, son dos itinerarios que están siempre entrelazados. Porque Dios ha amado tanto al mundo que nos ha dado a su Hijo, y en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Ese es el anuncio cristiano, literalmente. Con todo, reconoció el Papa, “a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces”. Todo eso, aunque nos hace sufrir, es una oportunidad para recibir una nueva vida, para “renacer de lo alto”, como dijo Jesús a Nicodemo. La invitación del Papa fue a no eludir esas noches, ni las de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea, sino a interpelar al Señor, abrirnos a la luz de su Evangelio.
Debemos entrar en las noches de nuestro camino personal, social y eclesial, preguntarnos qué nos sugieren, qué estamos llamados a cambiar. Así, concluía el Papa nuestra inquietud y nuestra turbación se convertirán en diálogo con Dios y entre nosotros, así caminaremos juntos en la fe que armoniza la diversidad de ideas y sensibilidades, que permite construir un espacio acogedor para todos. Intuyo que esta meditación, con la que León ha iniciado su visita a Barcelona, encontrará su culmen esta tarde en la Sagrada Familia.
By COPEEl Papa ha iniciado su visita a Barcelona con una meditación sobre la búsqueda incansable del corazón humano y sobre la inconcebible respuesta que Dios ha dado a esa búsqueda en Jesucristo. Todo lo que abrazamos y vivimos cotidianamente, nuestras alegrías y derrotas, aspiraciones y proyectos, son expresión de nuestra búsqueda continua. Tenemos hambre y sed de verdad, somos mendigos de un amor al que no sabemos poner nombre, y muchas veces esa búsqueda sucede en la penumbra. No conocemos en profundidad el misterio de nosotros mismos y el verdadero rostro de los demás.
El camino de la fe, dijo León XIV durante la vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys, no es una senda paralela a la de nuestra existencia humana, son dos itinerarios que están siempre entrelazados. Porque Dios ha amado tanto al mundo que nos ha dado a su Hijo, y en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Ese es el anuncio cristiano, literalmente. Con todo, reconoció el Papa, “a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces”. Todo eso, aunque nos hace sufrir, es una oportunidad para recibir una nueva vida, para “renacer de lo alto”, como dijo Jesús a Nicodemo. La invitación del Papa fue a no eludir esas noches, ni las de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea, sino a interpelar al Señor, abrirnos a la luz de su Evangelio.
Debemos entrar en las noches de nuestro camino personal, social y eclesial, preguntarnos qué nos sugieren, qué estamos llamados a cambiar. Así, concluía el Papa nuestra inquietud y nuestra turbación se convertirán en diálogo con Dios y entre nosotros, así caminaremos juntos en la fe que armoniza la diversidad de ideas y sensibilidades, que permite construir un espacio acogedor para todos. Intuyo que esta meditación, con la que León ha iniciado su visita a Barcelona, encontrará su culmen esta tarde en la Sagrada Familia.