"Bienvenidos a este audiolibro, donde exploraremos juntos la naturaleza del amor y cómo podemos recuperarlo en nuestras vidas. Gracias a Grupo Acoscer por su apoyo y inspiración en este proyecto. En las siguientes páginas, reflexionaremos sobre cómo el amor es esencial para nuestra existencia, y cómo podemos aprender a amar de manera genuina.
Como dice Grupo Acoscer, 'nacemos completamente equipados de la capacidad de amar y de ser amados'. Sin embargo, la sociedad y la crianza pueden distorsionar esta capacidad. En este audiolibro, exploraremos cómo podemos recuperar el amor y vivir de manera más auténtica
Los padres no han conocido el amor. La esposa no ha amado al marido, el
marido no ha amado a la esposa. Entre ellos no hay amor; al contrario, lo
que hay es dominación, deseo de posesión, celos y todo tipo de venenos
que destruyen el amor. Al igual que existe un tipo de veneno que puede
arrebatarte la vista, el veneno del deseo de posesión y de los celos
destruye el amor.
El amor es una flor frágil. Hay que protegerlo, hay que fortalecerlo, hay
que regarlo; solo entonces se vuelve fuerte. Y el amor del niño es muy
frágil; es normal porque él es frágil, su cuerpo es frágil. ¿Crees que si se
dejara solo a un niño sería capaz de sobrevivir? Piensa en lo indefenso
que es un niño; si se le deja solo es prácticamente imposible que
sobreviva. Morirá, y eso es lo que le está ocurriendo al amor. Se le deja
solo, desatendido.
Los padres no pueden amar, no saben qué es el amor, nunca se han
dejado llevar por el amor. Piensa en tus padres; aunque recuerda, no
estoy diciendo que ellos sean responsables. Son víctimas, al igual que tú
eres una víctima; sus propios padres también lo fueron. ¡Y así hasta Adán
y Eva e incluso hasta Dios Padre! Al parecer, ni siquiera Dios Padre fue
muy respetuoso con Adán y Eva. Por eso, desde el principio ya empezó a
darles órdenes: “Haz esto”. “No hagas aquello.” Comenzó a hacer las
mismas tonterías que hacen todos los padres. “No comáis del fruto de este
árbol.” Y cuando Adán y Eva comieron aquel fruto, el Dios Padre se
enfadó tanto que los expulsó del paraíso.
Esa expulsión siempre está presente; todos los padres amenazan con
expulsar al hijo, con echarlo. “Como no me escuches, como no te
comportes bien, te echo de casa.” Evidentemente, el niño tiene miedo.
¿Expulsado? ¿A la jungla de la vida? De modo que empieza a transigir.
Poco a poco el niño se vuelve retorcido y empieza a manipular. No tiene
ganas de sonreír, pero si la madre está cerca y él quiere leche, sonríe. Es
política; el comienzo, el abecé de la política.
En lo más profundo, el niño comienza a odiar a los padres porque no lo
respetan; en lo más profundo, comienza a sentirse frustrado porque no lo
aman tal como es. Se espera que haga determinadas cosas; solo entonces
lo amarán. El amor impone condiciones; tal como es, no es digno de ser
amado. Primero tiene que hacerse digno, solo entonces los padres le
concederán su amor. Así que para ser “digno” el niño empieza a volverse
falso; pierde el sentido de su valor intrínseco. Pierde el respeto por sí
mismo, y poco a poco empieza a sentirse culpable