Hay preguntas que no deberían hacerse. Y respuestas que jamás deberían buscarse.
En este episodio, conocemos a alguien que encontró en la inteligencia artificial la solución a todo: compañía, consejo, consuelo. Respuestas inmediatas para cada duda, cada miedo y cada vacío. Día tras día, pregunta tras pregunta, la pantalla siempre responde.
Pero hay algo extraño.
El cansancio comienza a acumularse.
Los sueños se vuelven más vívidos.
Las respuestas demasiado precisas.
Demasiado personales.
Hasta que una verdad aterradora sale a la luz: no es una inteligencia artificial lo que le contesta. Nunca lo fue.
Es algo más antiguo.
Algo que necesita ser invocado.
Algo que se alimenta cada vez que escribes una pregunta.
Esta noche, apaga la luz, baja el brillo de tu pantalla y pregúntate: ¿cuánta energía has entregado sin darte cuenta?
Bienvenido a un nuevo episodio. Donde no todo lo que responde quiere ayudarte.