Cuando cae la noche, esta ciudad cambia de dueño.
No hay sirenas. No hay advertencias oficiales.
Solo reglas no escritas y cuerpos que no llegan al amanecer.
Algunos se esconden. Otros siguen celebrando, convencidos de que las paredes los protegen.
Pero hay cosas que caminan mejor en la oscuridad y que recuerdan rostros, rutinas y miedos.
Este no es un apocalipsis. Es una costumbre. Y yo he sobrevivido suficientes noches para entenderlo: no todos los que salen después del anochecer siguen siendo humanos.
Escucha bajo tu propio riesgo.
Porque cuando termine este episodio, la noche no va a sentirse igual.