La única vía para recobrar la paz interior, es perdonando a quienes nos han causado daño. Eso incluye, por supuesto, a quienes constituyen nuestro entorno familiar. Cuando perdonamos, renunciamos a albergar sentimientos que nos causan daño y que, de paso, nos llevan a causarle daño a otras personas. Con ayuda de Dios, podemos lograrlo.