Hoy culminamos una semana en la que la Palabra nos ha ido formando como discípulos vigilantes, servidores coherentes y testigos del misterio. Desde el domingo, hemos sido llamados a vivir desde la misericordia, a orar por todos, a servir con dignidad, a contemplar el misterio de Cristo, a ser ejemplo en la fe y a combatir con mansedumbre.
Pablo cierra esta etapa exhortando a Timoteo —y a nosotros— a custodiar el mandamiento “sin mancha ni reproche” hasta la manifestación gloriosa del Señor.
La Palabra se revela en quien persevera, en quien se deja encontrar y sostener por el misterio.