Las mujeres lo dicen sin rodeos: “Hasta los granos de las mazorcas de maíz son chicos y la yuca dejó de ser esa raíz frondosa que alimenta”.
Son 120 mujeres afiliadas en ORMICH y ellas saben que son capaces de producir con sus propias costumbres, pero al lado de sus comunidades, desde los grandes sembradíosvienen con el viento y el aire, un veneno que intoxica su territorio. Estamos colindando con ellos y no podemos defendernos, señala.