Cuando como creyentes nos volvemos al Señor en confesión y arrepentimiento, se reanuda la comunión con Dios, y retomamos la confianza para buscarle en oración. Aprovechando cada espacio para hacerlo, en vista de a quien oramos, en quien confiamos, y en quien esperamos.
Los tiempos de oración, nos envuelven en una comunión fresca con el Señor.