Las condiciones para agradar a Dios nos han sido dadas por el mismo Señor, no nos está permitido modificar nada, aunque nos parezca costoso o poco razonable.
Inspirémonos cada día en los relatos bíblicos sobre la fe, y oremos al Señor para que “aumente nuestra fe”.
Salgamos dispuestos a obedecer lo esperado de Dios de nosotros, y lo de Él aparecerá en su momento haciéndonos felices.