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Cada año, alrededor de 600,000 mujeres en Europa son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino. A pesar de las altas cifras, la prevención y detección temprana han permitido avances significativos en la reducción de su impacto. En el marco de la Semana Europea de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, expertos y médicos recalcan la importancia de la vacunación y los cribados regulares para disminuir la prevalencia de esta enfermedad. El Dr. Pablo Cañas, ginecólogo en la clínica IMQ Zorrozaurre, nos explica cómo estos métodos están transformando la lucha contra el cáncer cervical.
El cáncer de cuello uterino es causado por el virus del papiloma humano (VPH), y se estima que el 100% de los casos de cáncer cervical están vinculados a este virus. Aunque la mayoría de las infecciones por VPH no progresan a cáncer, se recomienda la vacunación para prevenir su desarrollo. Desde 2007, la vacuna contra el VPH se administra a niñas de 11 a 12 años, antes de que inicien su vida sexual. La inclusión de los niños en el calendario de vacunación desde 2022 amplía la protección, contribuyendo a erradicar la transmisión.
La citología, conocida también como Papanicolau, es una herramienta crucial para detectar lesiones precancerosas en el cuello uterino. Se recomienda que las mujeres se sometan a pruebas de cribado desde los 25 años hasta los 65 años. A medida que se avance en la cobertura de vacunación, se espera que las pruebas puedan espaciarse a cada 3 o 5 años. Detectar la enfermedad a tiempo puede aumentar significativamente la tasa de supervivencia.
Si se detectan lesiones precancerosas, los médicos realizan una conización cervical, un procedimiento quirúrgico que elimina las zonas afectadas antes de que se conviertan en cáncer. En casos más avanzados, el tratamiento puede incluir radioterapia y quimioterapia. La clave está en la prevención y en realizar las pruebas de manera regular para evitar la progresión del cáncer.
La “cuesta” es conocida por diversos motivos, y hay uno del que se habla menos: el repunte de la soledad no deseada en personas mayores tras la Navidad. La psicóloga Alfonsy Díaz, de Sanitas Mayores, explica en EgunOn Magazine que el contraste entre el bullicio de las celebraciones —visitas, comidas, reencuentros— y la vuelta a una rutina más silenciosa puede intensificar la sensación de vacío emocional en quienes viven solos, con un impacto directo en su bienestar psicológico.
Según la psicóloga, el bajón posterior puede manifestarse con síntomas ansiosos o depresivos, alteraciones del sueño por falta de rutina y una peor percepción de la propia salud. También señala un patrón peligroso: la pérdida de iniciativa para relacionarse, que alimenta un círculo vicioso de aislamiento (“me aíslo más, me encuentro peor, me cuesta salir”).
En esta época, el impacto puede ser mayor cuando se suman circunstancias como la pérdida de un ser querido, la adaptación a la jubilación (cuando se siente que desaparece un rol y un propósito) o la falta de compañía y actividad diaria. Para Díaz, la clave suele estar en esa combinación: poca compañía + poca ocupación, que deja espacios largos sin estímulos ni interacción.
Entre las recomendaciones, la psicóloga propone marcarse pequeños objetivos diarios que den sentido a la jornada, como escribir un recuerdo, preparar una receta o planificar una tarea concreta. La idea es sustituir la inercia del “día vacío” por una rutina mínima que empuje a levantarse con un motivo. Díaz insiste en mantener hábitos de autocuidado: levantarse, vestirse, arreglarse y no caer en el abandono del aspecto personal por el hecho de quedarse en casa. Explica que esa dejadez no es un detalle menor, porque influye en el estado emocional y puede reforzar la apatía.
Otra pauta central es moverse: sin necesidad de grandes esfuerzos, pasear cumple varios objetivos a la vez (obliga a prepararse, activa el cuerpo y favorece el contacto social si se hace con alguien). Para muchas personas mayores, es una fórmula realista y sostenible para sumar actividad física sin exigir una intensidad que no siempre es posible.
La psicóloga recomienda mantener algún reto cognitivo diario: lectura, pasatiempos, aprender funciones del móvil, escuchar contenidos de interés o acudir a talleres de memoria si existen en la zona. Señala que ocupar la mente con tareas significativas ayuda a reducir la presencia de pensamientos negativos recurrentes y refuerza la sensación de capacidad y avance personal.
Díaz advierte de que, si el día se llena de “descanso” sin actividad, aparece el riesgo de dormitar a deshoras y empeorar el sueño nocturno. Por eso recomienda una rutina estable antes de acostarse, especialmente porque conciliar el sueño puede ser más difícil con la edad y esa dificultad genera ansiedad e irritabilidad. Descansar mejor, explica, mejora el estado de ánimo y la atención.
La psicóloga pide estar atentos a cambios como la apatía, la pérdida de interés por aficiones que antes ilusionaban, el rechazo a nuevas propuestas o el descuido evidente del aspecto personal. Si ese estado se prolonga más allá de “unas semanas” y no remonta, considera importante valorar apoyo profesional y reforzar el acompañamiento desde el entorno cercano.
Por último, Díaz sugiere actuar con previsión: cuando la Navidad termina, conviene planificar llamadas, paseos, actividades y rutinas para que la vuelta a la calma no se convierta en un corte abrupto. También recuerda que el invierno —frío, menos luz, anochecer temprano— favorece el aislamiento, así que anticiparse puede marcar la diferencia.
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