La ejecución de María Estuardo en 1587 marcó uno de los episodios más dramáticos de la Europa moderna. Reina de Escocia y figura central del catolicismo, María pasó casi dos décadas cautiva en Inglaterra, acusada de conspirar contra Isabel I. Su muerte no solo eliminó una amenaza política, sino que la transformó en símbolo y mártir para el mundo católico, una imagen que la literatura y el arte se encargaron de inmortalizar.