El Espíritu Santo nos va a guiar e iluminar nuestra vida hacia Jesucristo, porque “sin mí no podéis hacer nada”. A este encuentro personal con Jesucristo nos ayudará la oración, como conciencia humilde y asombrada de que Cristo vive en mí, la palabra de Dios, la liturgia, los sacramentos, deteniéndonos en una buena preparación de la eucaristía.