El fruto de la resurrección de Cristo es que su cuerpo ha sido glorificado y eternizado. Ha roto las barreras que no separaban.
Ahora podemos unirnos al cuerpo de Cristo sin limitación de espacio, tiempo, idioma, geografía...
Ahora podemos comulgar, recibir su propia vida, unirnos a él, en fin, comunicarnos los frutos de su muerte a cada uno de nosotros