La vida cristiana es la vida de Dios en nosotros. Una vida nueva, por encima de nuestras fuerzas humanas. Rompe nuestros límites. Nos hace crecer hasta la medida de Cristo en su plenitud.
Rompe los límites de nuestros intereses, los límites de lo que sentimos como mal, los límites de nuestra capacidad de amar.
Dejémonos invadir por esta vida divina.