Imagina una biblioteca. No una cualquiera, sino una que contiene todas las instrucciones
necesarias para construir, mantener y reproducir un ser vivo. Cada volumen guarda los
secretos de cómo crecer, cómo metabolizar alimentos, cómo responder al frío o al calor,
incluso cómo envejecer. Esta biblioteca no está hecha de papel ni tinta, sino de una
molécula increíblemente fina y resistente: el ácido desoxirribonucleico, más conocido
como ADN