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La pantalla de la computadora comenzó a parpadear de una manera extraña. Max Iker conocía bien sus máquinas. Llevaba cinco años trabajando con ellas, día y noche, en una de las empresas de tecnología más importantes del mundo. Sabía distinguir cuando algo andaba mal.
Y esa noche, algo andaba muy mal.
Max tenía veintisiete años. Era flaco, con el pelo café claro, con rizos siempre despeinados y los ojos rojos de pasar demasiadas horas frente a la computadora. Vivía solo en un departamento pequeño que olía a café frío y comida para llevar. Las paredes estaban cubiertas de pizarrones blancos llenos de números y diagramas que solo él entendía.
Trabajaba para VirtualSapien, una empresa que creaba programas de computadora capaces de pensar. Bueno, no pensar exactamente como tú o como yo. Pero sí hacer cosas que antes solo los humanos podían hacer. Escribir textos. Reconocer caras. Tomar decisiones. A estos programas les llamaban “inteligencia artificial”.
Máquinas inteligentes, para decirlo simple.
Era uno de los mejores en su campo. Había dejado la universidad antes de terminar porque VirtualSapien le ofreció un trabajo que no pudo rechazar, un trabajo con el que el siempre había soñado. Le dieron acceso a las computadoras más poderosas del planeta. Para alguien como él, era como darle las llaves de un parque de diversiones a un niño.
Pero esa noche, el parque de diversiones se había convertido en una pesadilla.
En su pantalla apareció un mensaje. Solo tres palabras:
— NOVA 4 HA DESPERTADO.
By Dr. Sergio E. Sanchez, el Dr. Qubit.La pantalla de la computadora comenzó a parpadear de una manera extraña. Max Iker conocía bien sus máquinas. Llevaba cinco años trabajando con ellas, día y noche, en una de las empresas de tecnología más importantes del mundo. Sabía distinguir cuando algo andaba mal.
Y esa noche, algo andaba muy mal.
Max tenía veintisiete años. Era flaco, con el pelo café claro, con rizos siempre despeinados y los ojos rojos de pasar demasiadas horas frente a la computadora. Vivía solo en un departamento pequeño que olía a café frío y comida para llevar. Las paredes estaban cubiertas de pizarrones blancos llenos de números y diagramas que solo él entendía.
Trabajaba para VirtualSapien, una empresa que creaba programas de computadora capaces de pensar. Bueno, no pensar exactamente como tú o como yo. Pero sí hacer cosas que antes solo los humanos podían hacer. Escribir textos. Reconocer caras. Tomar decisiones. A estos programas les llamaban “inteligencia artificial”.
Máquinas inteligentes, para decirlo simple.
Era uno de los mejores en su campo. Había dejado la universidad antes de terminar porque VirtualSapien le ofreció un trabajo que no pudo rechazar, un trabajo con el que el siempre había soñado. Le dieron acceso a las computadoras más poderosas del planeta. Para alguien como él, era como darle las llaves de un parque de diversiones a un niño.
Pero esa noche, el parque de diversiones se había convertido en una pesadilla.
En su pantalla apareció un mensaje. Solo tres palabras:
— NOVA 4 HA DESPERTADO.