En este momento, mientras usted escucha esto en el Metrobús, en el tráfico de Periférico o fingiendo que trabaja, una inteligencia artificial ya adivinó la estructura de doscientos millones de proteínas. Todas. Las que existen en la Tierra, catalogadas por la ciencia. Un trabajo que a un doctorado le hubiera tomado toda una carrera, resuelto en una tarde de cómputo.
Y no crea que esto es puro tema de laboratorio lejano. Esta misma tecnología, la de las proteínas, ya se usa hoy para diseñar medicamentos más rápido, entender enfermedades raras, y hasta imaginar nuevas baterías para el coche eléctrico que quizás algún día se pueda pagar. O sea, no vengo aquí a decirle que todo esto es puro apocalipsis. Vengo a decirle que es las dos cosas al mismo tiempo, la cura y el problema, en la misma caja, sin instructivo.
Y aquí viene lo que a usted sí le va a doler. Esa misma tecnología, la que le devolvió cincuenta años a la investigación médica, es prima hermana del algoritmo que decide si a usted le suben la tasa de interés de la tarjeta, si el banco le cree o no le cree, y si su próximo empleo se lo va a dar un humano o un filtro automático que ni siquiera lee su currículum completo, nada más las palabras clave.
¿Puede usted creer esto? La misma tecnología que le puede curar el cáncer a su tía es la que decide si usted es "apto" para que le renten un departamento en la Ciudad de México. Y nadie, óigame bien, nadie le preguntó si estaba de acuerdo.
Bienvenidos al futuro. Nadie les mandó la invitación, pero ya están en la lista."