Un doctor de verdad. Cédula profesional, bata blanca, ocho años de escuela. Le dijo una vez a un paciente que se había echado cloro en el ojo, cita textual: "vas a estar bien tomate dos aspirinas y háblame mañana". Y le pasó el número de Toxicología y cuelga como quien cuelga con la suegra, rápido, incómodo, sin ganas de seguir hablando.
Un CHATBOT, cuando le hicieron exactamente la misma pregunta, le escribió prácticamente una carta de amor con formato de receta médica. Se disculpó. Le explicó por qué probablemente no se iba a quedar ciego. Le dio siete consejos. Y le deseó, con todo el corazón de silicio que no tiene, que se mejorara pronto.
¿A poco no adivinas a quién prefirieron los pacientes? (pausa larga) Ajá. Al CHATBOT. Bienvenidos a la época en la que tu chatbot tiene mejor trato que el doctor que te ve tres minutos y ya va pensando en el paciente que sigue.