Casi todas las lenguas del mundo poseen una palabra para designar aquello que, sin ser
cuerpo, parece constituir la esencia de lo humano. En griego: psychḗ; en latín: anima; en
sánscrito: ātman; en árabe: nafs o rūḥ; en hebreo: nefesh o neshamah; en chino clásico:
hun y po. Cada término lleva consigo una cosmología, una ética, una visión del mundo.
A lo largo de milenios, el concepto del alma ha servido como brújula metafísica, como
consuelo ante la muerte, como fundamento de la dignidad humana y como misterio
inagotable que desafía tanto a la teología como a la neurociencia.