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El amor provoca sonrisas de placer pero no risas de burla. Algunos no admiten enamorarse por temor a que les juzguen como débiles y ridículos que se rinden. Pasa frecuentemente, prefieren esconder la buena nueva.
El amor nos vuelve monotemáticos, el discurso se limita y la vida social se reduce. Por ello, los amigos y familiares, nos ven apáticos o bajo sedación. El estado de amor debe ser admitido, declarado y administrado.
By Sergio MolinaEl amor provoca sonrisas de placer pero no risas de burla. Algunos no admiten enamorarse por temor a que les juzguen como débiles y ridículos que se rinden. Pasa frecuentemente, prefieren esconder la buena nueva.
El amor nos vuelve monotemáticos, el discurso se limita y la vida social se reduce. Por ello, los amigos y familiares, nos ven apáticos o bajo sedación. El estado de amor debe ser admitido, declarado y administrado.