Dios nos rodea de personas con formas de pensar, actuar y vivir muy diferentes a las nuestras. Esas diferencias no son un accidente; muchas veces son el escenario donde el Espíritu Santo desarrolla la benignidad en nuestro corazón.
Dios nos rodea de personas con formas de pensar, actuar y vivir muy diferentes a las nuestras. Esas diferencias no son un accidente; muchas veces son el escenario donde el Espíritu Santo desarrolla la benignidad en nuestro corazón.