Cuando Dios creó la raza humana, comenzando con Adán y Eva, lo hizo para que los seres humanos vivamos ante su presencia en alegría para siempre. Pero la desobediencia de Adán y Eva trajo muerte y separación. Con el envío de su Hijo Jesús al mundo, Dios insistió con su plan eterno de tenernos con él para siempre para que disfrutemos de su presencia.