De María Félix pueden afirmarse muchas cosas, pero hay una de ellas que simplemente no podía ocultar, aunque hubiera querido: Tenía estilo hasta para salir de cualquier inconveniente, desde los problemas más ínfimos, hasta los enredos más glamurosos; porque claro, tratándose de La Doña, uno de sus problemas –que para cualquiera pudo ser bochornoso–, para ella terminó convirtiéndose en una leyenda en forma de joyería con esmeraldas.