Imagínese un objeto del tamaño de dos puños cerrados, con una textura similar a la del
tofu firme, de color rosado grisáceo, que consume apenas el 2 % del peso corporal pero
devora el 20 % de la energía total del cuerpo humano. Este órgano —el cerebro— no
solo coordina los latidos del corazón, la respiración y el equilibrio, sino que también
alberga la conciencia, los recuerdos, los sueños, los miedos y el amor. Es, en palabras
del neurocientífico David Eagleman, “el objeto más complejo del universo conocido”.