SÁBADO IXTIEMPO ORDINARIO
sanMarcos 12, 38-44
Lapaciencia de los hijos de Dios
“Proclamala palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, contoda paciencia y deseo de instruir”. Uno de los más graves problemas por losque pasa nuestra sociedad actual es la de la educación. Formar ciudadanos parala convivencia y el bien común no es tarea fácil. No se trata ahora de entraren disquisiciones de orden político o sociológico, sino de ver, a través de laPalabra de Dios, cuál es el orden querido por Él, y cómo beneficia al hombre.San Pablo, en la carta que dirige a Timoteo, le urge a dejar tras de sícualquier respeto humano, cualquier complejo, a la hora de anunciar elEvangelio. También hay una característica que define a todo cristiano en suvocación apostólica: la paciencia.
Hablar depaciencia es sinónimo de dedicación y tiempo. Cuando hablamos de cuestiones queatañen a lo más profundo de nuestro ser, hay que empezar por el principio. Diosnos ha creado y, en condiciones normales, venimos al mundo en el seno de unafamilia. Cuando Cristo nació bajo el amparo de María y José, no se trataba demero azar, sino que fue “conscientemente” querido por la Providencia divina. Elcomportamiento de Jesús, a lo largo de su vida en el mundo, hacía referenciaconstante, directa e indirectamente, a la familia: parábolas, milagros,predicaciones, sentencias… Incluso a la hora de su muerte, quiso que su madreestuviera al pie de la Cruz, para recordarnos que, también ella, es madre de laIglesia.
Olvidarel papel fundamental que ejercen los padres en la educación de sus hijos esmarginarlos y alienarlos. Cuando cada vez son más las voces que reclaman unavuelta al orden natural, en otros aspectos de la vida como puede ser el de lafamilia, parece vislumbrarse un odio irracional contra un derecho sagrado yperenne, garante de la dignidad humana. Aún resuenan en nuestros oídos lasbarbaries de genocidios cometidos contra la humanidad (nazismo, comunismo,terrorismo …), pero un holocausto más cruel se produce con el consentimiento deorganismos nacionales e internacionales que, presuntamente, han de velar por elbien de todos los hombres. La indefensión de niños que no podrán ver la luz,rupturas de familias “amparadas” por la sociedad del bienestar, manipulación dela vida con fines “terapéuticos”… ¿No es esto la “crónica de una muerteanunciada” para la humanidad?
“Hecombatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe”. Lapaciencia y la formación están íntimamente unidas con la perseverancia. Nopodemos olvidar que Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, pero estetriunfo no es una excusa para “cruzarnos de brazos”. La perseverancia en el“día a día” nos hará más fuertes en la esperanza. Tú y yo no vamos a cambiar elmundo “de hoy para mañana”, pero somos sembradores de pequeñas semillas quegerminarán en el momento oportuno, y su fruto, aunque lo recojan otros mástarde, tendrá el sabor y el aroma de lo más divino. ¡Ése es el compromiso deDios con los que le son fieles!
“Osaseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más quenadie”. Para Dios cualquier obra hecha en su nombre, aunque sea la másinsignificante, tiene un valor infinito. No desprecies lo más cotidiano de tuvida por falta de motivaciones. De vez en cuando tendrás que “escarbar” en tuinterior para descubrir cómo el Espíritu Santo realiza su tarea como el másgenial de los artesanos.
De eseactuar de lo divino fue protagonista ejemplar la Virgen María. Ella escondíalos misterios de Dios en su corazón, pero la semilla que llevaba en su seno dioel mayor de los frutos de la historia de la humanidad: Jesucristo, Salvador delmundo, Rey del Universo.