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En el abrasador verano de mil novecientos dos, Don Benito fue escenario de la barbarie desatada por la codicia. Carlos García de Paredes, cacique arruinado por el juego, y su cómplice Ramón Martín de Castejón, asesinaron a sangre fría a la viuda Inés María Jiménez y a su hija Catalina para eludir una deuda millonaria. La torpeza al ocultar los cuerpos y la presión popular revelaron el crimen, sacudiendo a una España indignada ante la impunidad de los poderosos. Aunque condenados al garrote, sus influencias lograron un polémico indulto, convirtiendo este drama en el símbolo eterno del fin del caciquismo y la injusticia social.
By Agustin Sancho CuberoEn el abrasador verano de mil novecientos dos, Don Benito fue escenario de la barbarie desatada por la codicia. Carlos García de Paredes, cacique arruinado por el juego, y su cómplice Ramón Martín de Castejón, asesinaron a sangre fría a la viuda Inés María Jiménez y a su hija Catalina para eludir una deuda millonaria. La torpeza al ocultar los cuerpos y la presión popular revelaron el crimen, sacudiendo a una España indignada ante la impunidad de los poderosos. Aunque condenados al garrote, sus influencias lograron un polémico indulto, convirtiendo este drama en el símbolo eterno del fin del caciquismo y la injusticia social.