Nacido bajo la lluvia de Bilbao y el estruendo de las bombas carlistas, Miguel de Unamuno forjó una existencia marcada por la lucha agónica entre la fe y la razón. Salamanca se convirtió en su refugio y trinchera, donde el catedrático y rector combatió incansablemente con su pluma contra la monarquía, la dictadura de Primo de Rivera y la propia República.
Su voz, indomable y quijotesca, resonó desde el destierro en Fuerteventura hasta el valiente enfrentamiento final con Millán Astray en mil novecientos treinta y seis. Murió en soledad, víctima de su inquebrantable coherencia y de su profundo dolor por España, dejando un legado inmortal de duda existencial y búsqueda eterna de la verdad