Esta crónica revive la tragedia de Juana Josefa Goñi y sus seis hijos, víctimas del horror en mil novecientos treinta y seis. Tras ser expulsados de Gastelu por prejuicios y hambre, fueron arrojados vivos a la sima de Legarea. Durante ochenta años, el silencio sepultó este crimen, transformándolo en una leyenda oscura que dividió a un pueblo navarro. Gracias a la ciencia forense y la memoria histórica, sus restos fueron recuperados en dos mil catorce, devolviéndoles la dignidad robada. Es un relato sobre la crueldad humana, el peso de la culpa colectiva y la necesaria luz de la justicia final.