El Sanatorio de Agramonte, inicialmente concebido como un centro de ocio en la década de 1920, se transformó en un **sanatorio antituberculoso** en 1938. Ubicado en las faldas del Moncayo, buscaba el aire puro para tratar a pacientes, principalmente mujeres y niños. Cerró en 1978 debido a que la tuberculosis ya estaba cubierta por la Seguridad Social. Hoy, el edificio está **en ruinas y es frecuentado por amantes de lo paranormal**, con numerosas leyendas. Su historia refleja cómo la arquitectura sanitaria se ha adaptado a epidemias, priorizando la ventilación y el aislamiento, mientras que el diseño hospitalario actual busca **flexibilidad, confort y ambientes amables**.