En el verano de dos mil uno la tranquila ciudad de Jaca se estremeció ante un crimen atroz. Francisco Javier Alegre un joven de veintidós años aparentemente ejemplar asesinó fríamente a toda su familia. Movido por un odio silencioso y una codicia calculada planeó meticulosamente la muerte de sus padres y su hermano utilizando un cuchillo de buceo mientras dormían. Tras la matanza intentó simular un robo y continuó con su vida social mostrando una frialdad psicopática que heló a la opinión pública. Este parricidio permanece en la memoria como uno de los capítulos más oscuros de la crónica negra española.