La sombra de una guerra nuclear persiste como una amenaza existencial global. Las tensiones geopolíticas entre potencias nucleares, alimentadas por la desconfianza, la retórica agresiva y los conflictos regionales, incrementan el riesgo de una escalada involuntaria o un error de cálculo con consecuencias catastróficas. La modernización de los arsenales y la proliferación de la tecnología nuclear añaden complejidad y peligro a la situación. Un solo lanzamiento, ya sea accidental o deliberado, podría desencadenar una respuesta en cadena que devastaría la civilización humana y el medio ambiente a una escala inimaginable. La diplomacia y el control de armas siguen siendo fundamentales para mitigar este riesgo.