El relato explora la trágica vida de Juana, Reina de Castilla. Marcada por un matrimonio tan apasionado como destructivo con Felipe el Hermoso, su existencia se debatió entre el amor obsesivo y la infidelidad pública. La muerte de él no fue el fin, sino el comienzo de su leyenda: la reina errante que velaba un cadáver. Esta devoción, interpretada como locura, sirvió de excusa perfecta para su encierro. Aislada en Tordesillas durante cuarenta y seis años, primero por su padre Fernando y luego por su hijo Carlos, su vida se consumió como una sombra, prisionera de la razón de Estado.