En noviembre de dos mil veintidós, la tranquilidad de Móstoles se quebró tras el trágico suceso ocurrido en la avenida Olímpica. Irina Dimitrova y su hija Mariya, de seis años, perdieron la vida a manos de Galin Petrov en el domicilio familiar. Tras el fatal desenlace, el agresor intentó lesionarse sin éxito y avisó a sus conocidos horas después. Las investigaciones policiales y forenses desmontaron cualquier eximente, acreditando un patrón continuado de control, vigilancia y aislamiento. En octubre de dos mil veinticinco, la Audiencia Provincial de Madrid condenó finalmente a Petrov a cuarenta y cinco años de prisión por asesinato.