En una casa junto al cementerio de San Esteban, Tomás, un enterrador, vive atormentado por ruidos inexplicables. Tras investigar, descubre una fosa común y el nombre de un antiguo enterrador, Sebastián, cuya alma no encuentra paz. Junto al padre Julián, realizan una exhumación y le dan un descanso digno. Desde entonces, la casa se transforma en un lugar de calma, y Tomás se convierte en el guardián de las historias olvidadas, respetando la memoria de los muertos.