Victoria Eugenia de Battenberg, la reina inglesa de porte majestuoso y mirada triste, encarnó la tragedia y la elegancia en el trono español. Nieta de la reina Victoria, su enlace con Alfonso XIII estuvo marcado por la sangre: la del brutal atentado el día de su boda y la de la hemofilia que transmitió a sus herederos, condenando su matrimonio al fracaso y al distanciamiento.
Pese al desamor real y la rigidez de la corte, modernizó la sanidad y la beneficencia con admirable vocación. El exilio de 1931 la transformó en una dama errante de dignidad estoica en Suiza. Regresó brevemente a España años después para ser aclamada, cerrando su ciclo vital como un símbolo eterno de resistencia, belleza nórdica y dolor silencioso.