Escuchar este relato ha sido una experiencia totalmente inmersiva. La voz del narrador me transportó directamente al frío Madrid de mil novecientos ochenta y uno. Sentí la angustia del doctor, el frío del zulo y la tensión de los diecinueve días de cautiverio. No es una simple crónica; es una narración que te atrapa. La descripción de la soledad y la rutina en el encierro es brutal. El ritmo de la narración, desde la captura rápida hasta la lenta espera y el rescate explosivo, me mantuvo en vilo. Realmente sentí que estaba allí, escuchando los pasos fuera de la puerta.