«¿Qué tal estuvo la alabanza?» Suena inocente, pero es la pregunta que hacemos después de un concierto. Un espectáculo se evalúa; un encuentro se vive.
Este episodio recorre tres textos que desmontan la idea de que adorar es el género musical que suena antes del sermón: Juan 4:23–24, Salmo 22:3 y Romanos 12:1.
Jesús no habló de los verdaderos adoradores en el templo de Jerusalén, sino junto a un pozo en Samaria, con una mujer que vino por agua y descubrió que había Alguien buscándola a ella. La adoración no es nuestra iniciativa hacia un Dios distante; es la respuesta a un Dios que ya vino a nuestro encuentro.
David danzó delante del arca mientras Mical lo despreciaba desde la ventana. La adoración extravagante no es más volumen ni más emoción: es que Dios vale más que mi necesidad de parecer impresionante. La pregunta no es «¿cómo me veo?», sino «¿delante de quién estoy?».
Y Pablo no pide canciones sobre el altar: pide cuerpos. Podemos levantar las manos el domingo y cerrar los puños el lunes. Lo que derramas delante de Jesús termina dejando aroma en la manera en que vives.
«La adoración no busca impresionar: busca rendirse.»
TEXTOS
Juan 4:23–24 · Salmo 22:3 · Romanos 12:1 · 2 Samuel 6:14–22 · 1 Samuel 15:22 · Colosenses 3:23 · Juan 12:3 (NBLA)
UNA PRÁCTICA PARA ESTA SEMANA
Elige una tarea completamente rutinaria —manejar al trabajo, lavar los trastes, responder correos— y hazla conscientemente «como para el Señor». No necesitabas escapar de lo cotidiano para adorar a Dios; necesitabas aprender a ofrecerle lo cotidiano.
Predicación compartida originalmente en La Viña Querétaro, dentro de la serie Somos Viña.
El Conversatorio es un espacio para humanizar la teología: pensar la fe con profundidad y decirla con un lenguaje que respire. Si este episodio te acompañó, sígueme y déjame una reseña en Apple Podcasts o Spotify.
Juan Marcos Lecuona es parte de La Viña Querétaro
Blog: elconversatorio.net
Para conocer La Viña Querétaro: vina.mx
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