Las palabras de Juan el Bautista al encontrarse con Jesús junto al río Jordán fueron la respuesta a la pregunta que el joven Isaac había hecho a su padre Abraham cuando se dirigían al monte Moriah, donde sería sacrificado, tal y como Dios le había ordenado. ¡He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Gritó Juan señalando con emoción a Jesús.
Juan siempre había visto a Jesús como su primo. Había crecido con Él. Su niñez no podría haber sido muy diferente a la de los otros niños de su época. Posiblemente jugaron juntos, corrieron juntos, andaban juntos, de repente asistían a la misma escuela, si es que habían escuelas como las conocemos ahora. Lo que sí es seguro es que, al guardar un lazo de familiaridad muy estrecho, su relación era muy cercana y por lo tanto ambos se conocían muy bien.
Por eso, llama la atención que Juan no lo reconoce por su nombre “JESUS”, sino que ahora lo señala como EL CORDERO DE DIOS.
¿Qué vería Juan de nuevo en Jesús?
¿Porqué había cambiado su forma de referirse a él?
¿Tendría alguna visión o sueño respecto a ello?...
LA BIBLIA DE UNA PERSPECTIVA DISTINTA