El declive de la imaginación desde 1990 según algunos estudios
La imaginación es esa facultad que nos permite representar mentalmente cosas que no se perciben directamente por los sentidos.
Y se ha deteriorado, según unos estudios.
Es otro de los efectos que ha tenido sobre las mentes las nuevas tecnologías.
Sin embargo, se habla más de la pérdida de atención, de memoria o de la capacidad de orientarse.
Pero no de la atrofia imaginativa.
No es sencillo medir la capacidad de imaginación de una persona.
Al contrario que con la memoria que se puede determinar por el número de cifras que una persona puede recordar.
O que la atención, medible por el número de páginas seguidas que alguien puede leer.
Pero no es sencillo medir empíricamente el estado imaginativo del ser humano.
En 2011 un estudio de la universidad William & Mary, en Estados Unidos, analizó de forma global, los resultados de 300.000 tests de Torrance.
Estas pruebas miden el pensamiento creativo.
La conclusión fue que la capacidad humana de imaginar cosas originales había disminuido desde 1990.
Un estado mental decreciente que también ha sido comentado en otros medios.
The New York Times lo menciona cuando habla del actual dominio cultural de los remakes, secuelas y reboots.
Cada vez se consumen más productos que fueron imaginados por otros.
O quizás, es por una falta de querer arriesgarse.
Otras encuestas en España afirman que cada persona pasa el 35 por ciento de su tiempo diario mirando una pantalla.
Durante ese tiempo, la necesidad de imaginar es menor.
Los vídeos cortos, rápidos y saturados de estímulos visuales sólo requieren una atención pasiva.
No hace falta completar, proyectar o sostener una imagen propia.
En cambio al jugar con juegos de mesa o cuando leemos ponemos más en marcha otros mecanismos del cerebro.
La dependencia de estímulos ajenos para activar nuestra mente lleva aparejada una disminución en la empatía.
El cerebro es un órgano con una gran plasticidad y se modela a través de su uso.
El psiquiatra Gary Small ha estudiado el lóbulo frontal.
Donde albergamos la memoria, la imaginación o el razonamiento complejo.
Y ha demostrado que el uso reiterado de pantallas lo deja atrofiado.
El aumento de cierto consumo visual supone una pérdida imaginativa.
A medida que los más pequeños comienzan antes a habituarse a los video juegos o a las pantallas, van creciendo con menos imaginación.
Antes, los niños de los 80 o de décadas anteriores, se imaginaban los sonidos de sus juguetes.
Saltaban, luchaban y hablaban a través de los muñecos.
Ahora, Mattel ha llegado a un acuerdo con Open AI para, supuestamente, incorporar Chat gpt a la Barbie y a otros muchos juguetes.
Los niños siempre se ocuparon de los diálogos, las voces y de dar vida y personalidad a los juguetes.
Hasta a un simple trozo de tela enrollado a un palo.
Luego llegaron los juguetes con pilas y algunos ya hablaban cuando se accionaban ciertas teclas.
La sociedad que decide vivir dentro de una pantalla, en un mundo virtual, está renunciando a la realidad.
La tecnología juega un papel positivo si se sabe cómo aprovecharla, como todo.
No olvidemos que una sociedad que deja de imaginar, también deja de empatizar o de soñar con el futuro.