El peligroso oficio de los Toshers: Los carroñeros de alcantarilla victorianos
• Entre los siglos 17 y 19, bajo las ajetreadas calles de la capital inglesa, se desarrolló una peligrosa actividad.
• Era un sistema de alcantarillado construido sin ningún tipo de planificación.
• Pensado para llevar lo más lejos posible de la ciudad un flujo constante de desechos y suciedad.
• Londres albergó un auténtico laberinto subterráneo.
• En aquel hedor en plena oscuridad surgieron relatos, leyendas urbanas y todo tipo de historias.
• Como la de que existían cerdos gigantes.
• El hecho de imaginar a estos sanguinarios animales por las alcantarillas, robó el sueño a muchos londinenses.
• Los primeros en difundir estos rumores fueron los toshers o los exploradores de las alcantarillas.
• Su mote ‘tosh’ es un término que se refiere a los objetos de valor recolectados allí abajo.
• Estas personas, hombres y mujeres, rastreaban aquellos pasadizos sin luz, entre los desechos de la civilización.
• En busca de cualquier cosa valiosa perdida que pudieran rescatar.
• Piezas de cobre, plata, oro, antigüedades, monedas, joyas y un sinfín de artículos, drenados por las alcantarillas.
• Bastantes subsistían gracias a este peligroso oficio.
• Apilando la chatarra en ferias ambulantes, donde acudían los compradores de ‘tosh’.
• Llegaron a recoger desde piezas de plata hasta artefactos romanos.
• Pasando por monedas extranjeras o joyas sajonas.
• Por supuesto, fue un oficio extremadamente peligroso, nada higiénico e ilegal.
• La mayoría de las veces, se topaban con chatarra o restos de metal.
• Y sólo en determinadas ocasiones daban con algún botín en las alcantarillas.
• Con el dinero de su venta lograban alimentar a la familia durante un tiempo.
• En 1840, el gobierno decretó que esta práctica era ilegal sí, pero esa prohibición solo provocó que los objetos de los toshers fueran más deseados.
• El periodista Henry Mayhew los menciona en su libro ‘trabajadores de Londres’.
• Donde detalla las condiciones de miseria y degradación en ciertas partes del Londres de la época Victoriana.
• Henry se refiere a ellos, del siguiente modo:
• Son conocidos y vistos por todo el curso del Támesis, especialmente en los oscuros márgenes del Surrey.
• Visten largas túnicas de lona reforzada, con largos bolsillos cosidos que se extienden por toda la prenda.
• Manos y pies están protegidos por correas de cuero, guantes y botas gruesas.
• Algunos portan sombreros o cascos improvisados de metal y cuero.
• Por encima del conjunto, visten un delantal inmundo de cuero crudo y acarrean linternas parecidas a las de los policías.
• A veces las linternas están fijas en la parte superior de los cascos para iluminar el camino y dejar sus manos libres para la recolecta.
• Se desplazan, jadeando, bajo el peso de todo ese atuendo.
• Buscando algún artículo valioso entre las negras aguas, repletas de despojos.
• Muchos, llevan un bolso enorme sobre la espalda donde guardan lo que recogen.
• Y otros llevan un largo tubo de metal que les ayuda a explorar el camino y para apartar a las enormes ratas de alcantarilla que se encuentran.
• Los Toshers convivían con la muerte en aquel entorno.
• Podían morir aplastados por un derrumbe, envenenados por gases tóxicos, chamuscados en una explosión de metano o ahogándose.
• Tal y como lo describió Henry, llegaban a zonas infestadas por las temibles y grandes ratas.
• Y tenían que apalearlas para escapar de las afiladas garras y dientes de los roedores.
• Los toshers lucían unas marcas imborrables en el rostro, en la piel con escamas y en las llagas en manos y pies que nunca sanaban.
• Acostumbrados a un hedor que terminaba anulando su paladar y su olfato.
• Cuando relataban sus historias, hablaban de monstruos enormes, de animales salvajes criados en la oscuridad.
• Y de otros seres que se alimentaban de la basura.
• Y en este punto surge la leyenda de los cerdos salvajes de las alcantarillas.
• Un animal que posee una fuerza y voracidad tremenda en dicho ambiente.
• Capaces de comer casi de todo y de adaptarse a las situaciones adversas.
• Incluso, podían alimentarse de las propias ratas.
• Algunos Toshers iban preparados con cuchillos y machetes para afrontar ese peligro.
• Aun sabiendo que resultarían mal parados.
• Y para colmo de males, las autoridades les perseguían.
• Es cierto que muchos cerdos caminaban libremente por las calles de los distritos más pobres.
• Alimentándose de los desechos que escurrían por las canaletas.
• Además, en las inmediaciones de Londres habían granjas.
• Los Toshers describían a los cerdos de las alcantarillas como una especie siniestramente adaptada: blancos como la leche, con ojos rojos, albinos y deformes.
• Cuando los periódicos empezaron a publicar sus testimonios, la leyenda se popularizó entre los londinenses de la época.
• Una leyenda urbana similar a la de la existencia de cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York.
• A partir de 1858, Londres inició una profunda reforma en el diseño estructural de su sistema de alcantarillado.
• Y los rumores se esfumaron.
• Pero tuvo que ocurrir el llamado ‘gran hedor’ durante el verano de 1858 en Londres.
• Uno de los episodios sanitarios más devastadores de la historia urbana de Europa.
• El calor extremo, intensificó el olor nauseabundo procedente del Río Támesis.
• Una cloaca a cielo abierto.
• Las temperaturas altas aceleraron la descomposición y liberaron gases pestilentes que inundaron la ciudad con un hedor insoportable.
• La situación fue tan alarmante que obligó a emprender una gran obra de ingeniería.
• La reforma del sistema de alcantarillado de Londres.
• Ya lo decían los Toshers, el nivel de una civilización no se mide por el esplendor de su superficie, sino por lo que hace con sus desechos.