Cuando el ser humano era la presa: seis millones de años intentando que no nos comieran
Tim Beniyork Pilar Folgado María Maruchi
— Nos encanta imaginar a nuestros antepasados como grandes cazadores.
— Tipos duros.
— Lanza en mano.
— Mirada desafiante.
— Persiguiendo bestias por la sabana.
— Pero hay un pequeño problema con esta idea…
— Durante buena parte de nuestra historia evolutiva...
— Nosotros fuimos la presa…
— Y los demás venían a comernos.
— Leopardos.
— Hienas.
— Grandes felinos.
— Incluso enormes aves rapaces.
— Antes de convertirnos en los amos del planeta...
— fuimos básicamente...
— **un filete con patas.**
— Y bastante mal equipado.
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## **EL ERROR QUE NOS CONVIRTIÓ EN MACHOTES PREHISTÓRICOS**
— Johannesburgo.
— 1924.
— El anatomista Raymond Dart recibe una caja de fósiles procedentes de la cantera sudafricana de Taung.
— Entre ellos aparece un pequeño cráneo de casi tres millones de años.
— Era el famoso Niño de Taung.
— Un Australopithecus africanus.
— Dart observa que alrededor aparecen numerosos huesos de animales.
— Y llega a una conclusión bastante favorecedora para nuestro ego.
— Aquellos homínidos debían de ser cazadores.
— Guerreros prehistóricos.
— Depredadores capaces de matar animales utilizando huesos, dientes y cuernos como armas.
— La imagen era estupenda.
— Nuestros antepasados dominando África desde tiempos remotos.
— Solo tenía un inconveniente.
— **Era al revés.**
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## **BIENVENIDOS AL RESTAURANTE**
— Décadas después empezaron a estudiarse aquellos huesos con otros ojos.
— Y apareció una interpretación bastante menos gloriosa.
— Los huesos no eran trofeos acumulados por nuestros antepasados.
— Eran restos de comida.
— Y nuestros antepasados también estaban en el menú.
— Aquellas cuevas podían funcionar como auténticos comedores de depredadores.
— Especialidad de la casa...
— antílope.
— Babuino.
— Y cuando había suerte...
— **Australopithecus al punto.**
— El paleontólogo Charles Brain estudió numerosos fósiles encontrados en cuevas sudafricanas.
— Algunos cráneos de homínidos presentaban perforaciones muy particulares.
— Limpias.
— Simétricas.
— Pareadas.
— No parecían golpes.
— Parecían dientes.
— Y entonces apareció una prueba extraordinaria.
— El cráneo juvenil SK-54 presentaba dos perforaciones en la parte posterior.
— Brain las comparó con los caninos de un leopardo fósil encontrado en el mismo nivel.
— Encajaban.
— Nuestro pobre pariente no había cazado al leopardo.
— **El leopardo se había zampado a nuestro pariente.**
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## **Y AL NIÑO DE TAUNG PUDO LLEVÁRSELO UN ÁGUILA**
— Pero todavía faltaba otra humillación evolutiva.
— En 1995, Lee Berger y Ron Clarke estudiaron nuevamente al famoso Niño de Taung.
— Encontraron marcas alrededor de las cuencas oculares.
— Y se parecían a las producidas actualmente por el águila coronada cuando depreda monos.
— La hipótesis resultaba escalofriante.
— Una gran rapaz pudo abalanzarse sobre aquel pequeño homínido.
— Clavar sus garras.
— Y llevárselo.
— No éramos solamente comida para los animales que corrían.
— **También podían venir a buscarnos desde el cielo.**
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## **ÁFRICA NO ERA UN DOCUMENTAL BONITO**
— Conviene olvidar durante un momento la imagen turística de la sabana africana.
— Para nuestros antepasados aquello podía parecerse bastante más a un parque temático del terror.
— Durante el Plioceno había muchos más grandes carnívoros que actualmente.
— Hienas gigantes.
— Felinos enormes.
— Depredadores equipados con garras, mandíbulas y colmillos formidables.
— ¿Y nosotros?
— Poco más de un metro de altura.
— Alrededor de treinta kilos.
— Sin garras.
— Sin grandes colmillos.
— Sin veneno.
— Sin armadura.
— Y tampoco éramos precisamente un Ferrari.
— Usain Bolt ha alcanzado unos 44 kilómetros por hora.
— Un león puede acercarse a los 80.
— Así que nuestro antepasado tenía dos posibilidades.
— Correr.
— O correr mientras asumía que aquello probablemente terminaría mal.
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## **¿CUÁNTOS ACABARON EN EL ESTÓMAGO DE OTRO ANIMAL?**
— Los antropólogos Donna Hart y Robert Sussman llegaron a proponer una cifra estremecedora.
— Entre un 6 y un 10 por ciento de los primeros homínidos pudieron morir depredados.
— Y todavía seguimos encontrando pruebas.
— En 2025, Manuel Domínguez-Rodrigo y otros investigadores utilizaron la inteligencia artificial para estudiar marcas presentes en fósiles de Homo habilis de hace aproximadamente 1,8 millones de años.
— Los modelos identificaron aquellas lesiones con gran confianza como mordeduras de leopardo.
— Casi dos millones de años después...
— la ciencia forense estaba reconstruyendo la escena del crimen.
— Y nosotros seguíamos siendo la víctima.
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## **ENTONCES, ¿CÓMO DEMONIOS SOBREVIVIMOS?**
— Porque ocurrió algo fascinante.
— No nos hicimos más rápidos que un león.
— Ni desarrollamos garras.
— Ni colmillos gigantescos.
— Hicimos algo mucho más humano.
— **Nos volvimos insoportablemente complicados de cazar.**
— Empezamos a cooperar.
— A vigilar.
— A comunicarnos.
— A coordinarnos.
— Incluso nuestros ojos pudieron ayudarnos.
— El blanco de nuestra esclerótica permite distinguir con facilidad hacia dónde estamos mirando.
— Si alguien detectaba un leopardo...
— los demás podían seguir inmediatamente su mirada.
— Una alarma silenciosa incorporada directamente en la cara.
— Tú miras al depredador.
— Yo miro hacia donde miras tú.
— Y de repente el leopardo descubre que veinte homínidos saben exactamente dónde está.
— La comida acaba de organizar un comité de defensa.
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## **PARECER MÁS PELIGROSOS DE LO QUE ÉRAMOS**
— También nos pusimos de pie.
— Un homínido erguido parece considerablemente mayor que uno situado a cuatro patas.
— Y parecer grande ayuda cuando intentan decidir si eres la cena.
— Algunos investigadores han propuesto incluso que nuestro cabello pudo aumentar visualmente nuestro tamaño.
— Algo parecido a llevar un cartel encima diciendo:
— «No estoy tan bueno como parezco».
— Pero todavía teníamos otra arma.
— **El ruido.**
— Gritos.
— Golpes.
— Ritmos.
— Voces coordinadas.
— Un grupo de pequeños homínidos haciendo ruido conjuntamente podía parecer una amenaza mucho mayor.
— Los lobos hacen algo parecido cuando aúllan en grupo.
— Nosotros le añadimos percusión.
— Y millones de años después...
— lo llamamos concierto.
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## **Y ENTONCES CAMBIARON LAS REGLAS**
— Hace alrededor de dos millones de años aparece el género Homo.
— Cerebros mayores.
— Mejores herramientas.
— Cuerpos preparados para recorrer grandes distancias.
— Y una capacidad extraordinaria.
— Sudar.
— Parece poco épico.
— Pero fue formidable.
— Mientras muchos animales necesitan detenerse para refrigerarse...
— nosotros podemos continuar desplazándonos bajo el calor.
— Homo erectus pudo utilizar esta ventaja para perseguir animales durante largas distancias hasta agotarlos.
— No hacía falta alcanzar a la presa.
— Bastaba con no dejarla descansar.
— Por primera vez...
— aquel filete con patas empezaba a perseguir al camarero.
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## **DE LA CARTA DEL RESTAURANTE A DUEÑOS DEL RESTAURANTE**
— Durante muchísimo tiempo seguimos ocupando ambos papeles.
— Cazadores.
— Y presas.
— Hasta que Homo sapiens terminó inclinando definitivamente la balanza.
— Y entonces nos vinimos arriba.
— Muchísimo.
— Un estudio publicado en 2023 cuantificó hasta qué punto.
— Los humanos explotamos alrededor de **15.000 especies de vertebrados**.
— Y no solamente para alimentarnos.
— También por comercio.
— Medicina tradicional.
— Trofeos.
— Industria.
— Amuletos.
— Entretenimiento.
— Un león mata porque necesita comer.
— Nosotros podemos matar un animal...
— **porque queda estupendo encima de una chimenea.**
— Esa es una diferencia importante.
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## **EL DEPREDADOR MÁS EXTRAÑO**
— En apenas una fracción diminuta de nuestra historia evolutiva...
— pasamos de mirar nerviosamente los árboles buscando leopardos...
— a convertirnos en uno de los depredadores más poderosos que ha conocido el planeta.
— Pero existe una ironía maravillosa.
— Nuestro cuerpo vive en el 2026.
— Sin embargo, parte de nuestro cerebro...
— **todavía vive en el Pleistoceno.**
— Por eso un ruido extraño puede despertarte inmediatamente en mitad de la noche.
— Aunque estés en un quinto piso.
— Con puerta blindada.
— Cerradura de seguridad.
— Alarma.
— Cámaras.
— Y probablemente un supermercado a dos calles.
— Tu cerebro escucha un golpe en la cocina.
— Y no piensa:
— «Habrá sido el frigorífico».
— Una parte antiquísima de ti pregunta:
— **«¿Dónde está el leopardo?»**
— Es una especie de síndrome del impostor evolutivo.
— Objetivamente somos los amos de la cadena alimentaria.
— Subjetivamente seguimos mirando hacia la oscuridad.
— Porque durante millones de años...
— la oscuridad podía devolvernos la mirada.
— Y tener hambre.
— Pasamos seis millones de años aprendiendo a evitar que otros animales nos comieran.
— Después aprendimos a cazarlos.
— Más tarde aprendimos a dominarlos.
— Y finalmente empezamos a decidir qué especies viven, cuáles desaparecen y cuáles convertimos en mercancía.
— La evolución consiguió sacar al ser humano del menú.
— El problema...
— **es que después nosotros pusimos prácticamente al planeta entero en la carta.**