Tu peor día no es tu último día.
El desánimo no avisa. Llega con argumentos, con evidencia, con razones de por qué las cosas no van a mejorar. Y si lo dejas hablar demasiado tiempo, ocupa espacio que no le pertenece.
Hoy tres cosas concretas para hacerle frente cuando aparece.
Salmo 42:11 - Josué 1:9 - Nehemías 8:10