A veces damos todo por alguien en su momento más difícil, pero eso no garantiza gratitud, lealtad ni permanencia.
La historia de Abraham y Lot nos recuerda que hacer el bien no significa ganar esclavos de gratitud, sino sembrar delante de Dios.
Haz el bien sin esperar nada a cambio, porque tu verdadera recompensa viene del cielo.