Hechos 9:17-18
Así que Ananías fue y encontró a Saulo, puso sus manos sobre él y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, quien se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo». Al instante, algo como escamas cayó de los ojos de Saulo y recobró la vista. Luego se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recuperó las fuerzas. Cuando Ananías entra a la casa, obedece el llamado de Dios y pone las manos sobre Saulo, no solo ocurre un milagro físico —la recuperación de la vista de Saulo—, sino que se gesta un punto de inflexión para la historia del cristianismo.