En los caminos boscosos de Bohemia, cuando los lobos aún bajaban de las colinas y los juicios se dictaban a la sombra del miedo, vivía un magistrado cruel. No respetaba ni a los humildes ni a los justos, y sus sentencias eran tan frías como el mármol de su escritorio. Pero hay algo que los poderosos olvidan: incluso el Diablo tiene un código… y a veces, se toma su tiempo para impartir justicia.