El dolor es una de las experiencias más universales y, al mismo tiempo, más íntimas que
puede vivir un ser humano. Lo conocemos todos, aunque nunca de la misma manera.
Puede surgir como un pinchazo agudo al cortarnos un dedo, como una presión sorda en
el pecho durante una crisis de ansiedad, como una ausencia que pesa tras la muerte de
un ser querido o como la opresión silenciosa que acompaña a millones en contextos de
pobreza, violencia o exclusión.